No necesitas más clientes.Necesitas quedarte con los mejores.

Aceptas a cualquier cliente. Desde el que te regatea hasta el que cambia de opinión cada semana. Pero no te queda otra porque no sabes cuándo llegará uno nuevo.

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Tu cliente no ve la calidad de tu trabajo.Por eso se fija en el precio.

No es que no sepa apreciarla. Es que para juzgar tu trabajo tendría que saber tanto como tú, y si supiera tanto como tú no te necesitaría.

Así que decide con lo único que entiende.

Otros que trabajan peor que tú cobran el doble.Y sabes que no es suerte.

Los conoces. Has visto sus proyectos. Y aun así sus clientes llegan convencidos, sin compararlos con otras tres opciones y sin discutir el presupuesto.

No hacen mejor trabajo que tú. Han conseguido que se entienda por qué merece la pena pagarles.

El diseño es la parte fácil.Lo difícil es explicar por qué te tienen que elegir a ti.

Elegir tipografías, combinar colores, ordenar la información: cada vez es más sencillo conseguir un resultado decente.

Lo difícil es saber qué problema resuelves de verdad, a quién te diriges y qué te hace único. Sin eso, solo tienes un diseño bonito que no consigue clientes.

Mi método empieza aclarando tu marca antes de ponerme a diseñar.

Yo también era el mejor en lo mío.Pero me costaba mucho conseguir clientes.

Sé cómo te sientes porque pasé por lo mismo. Me tiré años pensando que tenía que trabajar mejor, hasta que entendí que mi problema no era ese. Era que ninguno de mis clientes sabía qué me hacía diferente.

Cuéntame en qué punto estás.

Vemos si puedo ayudarte. Si puedo, te lo digo. Y si no puedo, también.

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